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TORMENTO
Ella lleva la cuenta exacta
de los días que la ausencia de su amado
se hizo tempestad de angustia viviente
que trepida dolorosamente
en lo más hondo de su alma y su mente.
A cada día su mirada le engaña
cuando cree ver su silueta venir a su encuentro
y entre sus constantes devaneos
le parece escuchar al oído
el dulce sonido de su voz en un siseo.
Inclinando su rostro mirando al vacío
la pregunta en gritos desgarradores
se escapa errante de su garganta diciendo
¿En donde estás amor mío?
La respuesta se desliza sobre su piel de melancolía
y se hace el silencio escalofriante presentimiento
de abundantes lágrimas de sufrimiento
del vivir de una triste poesía.
Con el caer de la noche ella vuelve sobre sus pasos
caminando de puntillas en la penumbra durmiente
sosteniendo la razón de débiles lazos
le habla quedamente al ausente…
Amor mío ¡Mírame!
Estoy aquí desde hace mucho tiempo
conservo la ropa en la que respiro tu aroma
sobrevivo con tu recuerdo
que a cada pestañeo a mi vida se asoma.
Tú no sabes amor, las veces que yo desfallezco
cuando el dolor es inmenso y pienso
que tus párpados se han cerrado
y tus pasos caminan lentos
en un cielo eterno, de nubes de incienso.
Ana Guadalupe
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